Con todo ello, estoy de acuerdo. Destaco, además, una frase dicha en la nota que me pareció acertadísima: "Debemos dejar de ser un país en el que cada 5 años reinventan todo". La frase no es solo atractiva, sino que además expresa en poquísimas palabras la coyuntura de, al menos, los últimos veinte años de coyuntura política. La palabra "continuidad", por ejemplo, casi no existe en el léxico de los aspirantes a alcaldes o presidentes. Con mentalidad efectista y publicitaria, dichos candidatos ofrecen siempre una gran revolución, un gran cambio, novedades; sebo de culebra. La gente, henchida de ilusiones, les cree y vota por ellos, para pocos años después odiarlos cuando no cumplen las irrealizables promesas.
Para nadie es un secreto que los problemas del país no se arreglarán a corto plazo y cinco años es un lapso realmente exiguo. Considero que todo proyecto de gestión debería iniciarse valorando los aciertos, por pequeños que sean, de la administración anterior y continuar con sus programas más valiosos. Es un acto no solamente de hidalguía, sino de buena práctica de gestión.
Mucho más allá de los graves errores de dicción y entonación, el discurso pronunciado por César Acuña en el CADE es una prueba de lo expuesto. Lo curioso es que en más de un momento mencionó su intención de no plantear promesas incumplibles. A continuación, un desenfadado resumen de esta lamentable participación.
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